Me quedo en ti
Definitivamente
me quedo en ti.
En la geografía secreta de tu piel,
en el lago profundo de tus ojos,
en el santuario silencioso
donde tu alma enciende la mía.
Tú eres la casa
que el viento jamás derriba,
el puerto donde mi existencia
arroja sus anclas de luz.
Dicen los antiguos
que todo hombre llega al mundo
entre los brazos de una mujer
y en ellos entrega su último suspiro.
Yo nazco y renazco
en cada latido tuyo;
muero únicamente
para volver a florecer en ti.
Una mujer fue tierra fecunda
y sembró en mí el milagro de la vida.
Otra mujer fue río y horizonte,
y me reveló que el dolor
también puede transformarse en estrella.
Otra más abrió las ventanas del alba
y me enseñó
que el amor es el idioma secreto
con el que dialoga el universo.
Sobre esas dos alas femeninas
se sostiene mi vuelo,
como el águila
que abraza el infinito.
Ahora mi espíritu,
convertido en ave de luz,
atraviesa los cielos del amanecer,
descubriendo en cada aurora
un pétalo nuevo de la eternidad.
La naturaleza
es el templo donde respira mi alma;
los árboles, los ríos y las montañas
pronuncian el nombre de Dios
en un lenguaje que sólo el corazón comprende.
Y mientras el horizonte
enciende su lámpara de oro,
comprendo que mi verdadero hogar
no es un lugar,
sino el amor que habita en ti.
Porque al final del camino,
cuando el tiempo cierre sus ojos,
me quedaré para siempre
en la infinita luz de tu existencia,
donde Dios
es principio, camino y destino.
Elías Villalobos Saile
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